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Publicado 20 de AGOSTO, 2014

Devolución de pago indebido

Una empresa del ramo de la construcción que por largo tiempo ha utilizado los servicios legales de esta firma de abogados solicitó nuestra asesoría debido a que pocos meses atrás una de las principales instituciones bancarias del país cargó a su cuenta dos cheques calzados por firma falsa de dos de los representantes legales de esa empresa.

Este despacho promovió un juicio ordinario mercantil en el que se ejercitó la acción de objeción de pago de cheque prevista en el artículo 194 de la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito, argumentando que, a pesar de que las firmas tenían cierto parecido con las registradas ante el banco demandado, las discrepancias con las auténticas sí eran perceptibles para un empleado con la capacidad técnica como el cajero que pagó los cheques, convirtiendo la falsificación en notoria, tal como lo exige el precepto en cita.

Gran parte de los razonamientos en que se apoyó la demanda tienen sustento en la ejecutoria pronunciada el 23 de noviembre de 2011 por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, dentro de la Contradicción de Tesis número 292/2011, que estableció que la «ausencia de fidelidad o correspondencia visual entre dos impresiones de firma, cuya apreciación se pueda dar por sabida para el grueso del personal bancario que tiene la encomienda de llevar a cabo la verificación visual respectiva previamente al pago de un cheque» no necesita ser probada con la pericial en grafoscopía, sino que admite la prueba indirecta consistente en «una necesaria valoración racional por parte del juzgador: la ausencia de fidelidad visual entre dos impresiones de firmas, y la circunstancia de que la apreciación respectiva se pueda dar por sabida para el grueso del personal bancario», en el entendido que esa falsedad de las firmas, para ser considerada como notoria, no precisa de ser tan burda que pueda ser advertida por gente inexperta en el tema «sino que basta […] que existan diferencias susceptibles de ser apreciadas a simple vista por el propio juzgador (de quien se presume que tiene experiencia en la apreciación de firmas con motivo de la labor judicial que desempeña); dado que el personal bancario encargado de verificar la fidelidad visual de las firmas, cuenta también con la presunción de contar con experiencia en la apreciación de firmas de cheques con motivo de la labor que desempeñan».

Es decir, la jurisprudencia resultante de la resolución de la contradicción de tesis que aquí se cita estableció que los empleados bancarios encargados de efectuar el pago de cheques, previo cotejo visual de la firma estampada en el instrumento de pago respectivo y la reproducción digital de la tarjeta de registro de firmas del cliente, tienen la capacidad para detectar con mayor solvencia técnica que el común de la gente cuando una firma es falsa y, por ende, la notoriedad de la falsedad a que se refiere el artículo 194 de la ley de la materia debe ser pensada ante la mirada experta del cajero bancario.

Así, fueron desestimados los argumentos del banco en el sentido de que (i) los empleados bancarios carecen de conocimientos técnicos para detectar la falsedad de las firmas y que (ii) es responsabilidad del cliente resguardar la chequera para garantizar su adecuado uso.

El primero de ellos por las razones ya sentadas y el segundo puesto que esa obligación no exime al banco de cerciorarse de que las firmas en cuestión correspondan a las que la institución bancaria tiene registrada en sus archivos.

Con resoluciones como esta, la seguridad de los usuarios de la banca se robustece y las autoridades judiciales muestran un verdadero ánimo de protección a la parte que generalmente es la más débil: el titular de la cuenta bancaria.